Una despedida, algo triste como la mayoría de ellas, pero tuvo un poco de dulzor también. La mayoría de la gente me miraría sorprendida -como siempre- y me preguntaría porqué, yo sólo puedo decir que es porque estoy segura que ninguna distancia ni tiempo que pase podrá separar y/o destruir esto.
Antes de tomar la micro en la Plaza de Maipú -eres el mejor por ir a dejarme hasta allá, más aún considerando que tu viaje de regreso es de más de una hora- estuve a punto de pasarte alguna pertenencia mía: mi anillo, una chapita, que se yo. Pero sabes? Qué saco de pasarte algo material o de llevarme algo tuyo si esta relación va mucho más allá de todo eso? Esto que tenemos son como lazos invisibles, lazos de kilómetros y kilómetros que nadie puede ver, pero que nosotros sí podemos sentir, experimentar y amar.
Y es que la respuesta a todas las interrogantes y las inseguridades que podamos sentir al estar lejos no las podríamos encontrar en un anillo, una chapa, una camisa o lo que sea. Sólo podemos encontrarla en este amor infinito que nos tenemos, en los recuerdos y experiencias que hemos ido creando juntos.
Sí, no te niego que me carga pensar que tendré que dormir con pijama por las siguientes dos semanas, y es que nuestras noches de desnudez y amor, donde sólo importa tenernos el uno al otro y amarnos como nunca antes hemos sido amados, supera todo lo que alguna vez he sentido (y creo que también lo que tú has sentido).
Extrañaré todos y cada uno de tus besos, de tus abrazos, de tus regaloneos, de tus tortillas de atún (parece tan lejano el día en que aún no éramos pololos y me dijiste que algún día harías una para mi), de ver That Metal Show, de nuestras ñoñezas en inglés, de escuchar John Lennon, Pink Floyd, Black Sabbath o cualquiera de esas bandas bacanes que amamos, de salir de noche y sentir que el mundo es sólo nuestro -es como eso que te dije una vez... eso de que contigo me siento invencible-.
No me queda más que agradecerte por haber creído en ésto cuando a penas llevábamos dos semanas (o algo así) y haberte venido a Santiago sin dudarlo y regalarme más de dos meses del amor más puro y de la felicidad más grande. Día a dia, mi vida, he visto y veo todo lo que haces por mi y por eso estoy tan segura de que eres mi alma gemela, el amor de mi vida: porque uno no entrega su corazón así como así, y tú me lo entregaste sin duda alguna. Y te prometo que se lo entregaste a las mejores manos, que lo tratarán con el cuidado más especial y lo amarán por el resto de la vida.
Te amo como nunca había amado, mi pequeño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario