2 de noviembre, tuve una junta con gente fanática de The Beatles. Sí, la idea de conocer gente con los mismo gustos musicales me animaba, pero debo admitir que no esperaba mucho. Antes de la hora de la reunión, me junté con tres de los miembros de esta comunidad, fuimos a almorzar y a tomar unas cervezas a bellavista para luego darnos paso a caminar al metro Parque Bustamante, lugar donde era la junta.
Recuerdo haberte visto ahí, llevabas unos lentes redondos azules que me encantaron. Fuimos al parque y ahí hablamos un poco de nuestras carreras. Yo parecía bastante interesada, la verdad es que sí, desde que te vi me interesaste (tal vez no como pareja o algo así, pero siempre pareciste interesante para mi).
Yo no andaba buscando pareja ni nada por el estilo (de hecho, era lo que menos hacía en ese momento). Nos fuimos todos a Bellavista y decidieron -yo no quería- ir a un karaoke. Ahí cruzamos un par de palabras, seguías siendo interesante.
Llegó el momento de la foto grupal, estábamos uno al lado del otro, tu me abrazaste y yo tomé tu pierna. No podía dejar de pensar en que tu brazo me rodeaba, sentí algo extraño y especial, sí. De todas formas traté de no prestar mucha atención (mi vida no estaba en un momento en el que correspondiera prestarle atención a esas cosas, aún así lo hice).
Yo no sabía que en realidad tú ya tenías un plan de conquista a otra mujer que se encontraba en el lugar. Yo tampoco sabía que me ibas a gustar tanto tiempo después.
3 de noviembre en la mañana, entré a Facebook. Había una publicación tuya en la página de la comunidad y sin dudarlo te agregué.
3 de noviembre en la noche, me aceptaste en Facebook. Y desde la primera vez que hablamos supe que algo pasaba. Éramos ridículamente parecidos: los gustos musicales, la forma de pensar, los intereses, los estudios, la forma de vida, todo.
Toda esa semana hablábamos hasta que el teclado del computador sacaba fuego. Yo entraba a Facebook y revisaba si estabas conectado. Nuestra conexión era impresionante. Un día me pediste mi número de teléfono para que habláramos por WhatsApp, lo cual nunca funcionó (tiempo después me enteraría que lo hiciste sólo para tener mi número).
8 de noviembre, me llega un sms tuyo en la mañana deseándome éxito en una prueba que tenía que dar, no pude desear más, tu mensaje fue suficiente para tenerme feliz todo el día. Ese mismo día hablamos en la tarde, yo estaba aburrida haciendo hora porque tenía que ir al trabajo. Conversamos poco rato, tú tenías que ir a hacer clases. Antes de irte me mandaste el Jazz de Queen para que el tiempo se me pasara más rápido (no sabes cuán loca me puse cuando me mandaste un disco de Queen), las canciones avanzaban y llegué a In Only Seven Days, nunca le había prestado atención a esta canción pero la letra avanzaba y venías cada vez más a mi mente. Entonces pensé: ¿y si algún día nuestra vida se convierte en algo así? y me gustó mucho la idea.
9 de noviembre, tuve que trabajar. Todo el día encerrada en el Instituto Chileno Británico de Cultura haciendo nada (ya que, en 11 horas fueron tres personas a comprar libros).
Me había levantado muy temprano ese día y tenía demasiado sueño, lo único que me mantenía despierta eran los sms que nos mandamos todo el día.
Ese día nos veríamos y a cada segundo que pasaba la ansiedad y los nervios se apoderaban un poco más de mi. Yo ya sabía que había una conexión enorme contigo y sí, era muy probable que me gustaras.
El día avanzaba lento, pero tus mensajes me mantenían feliz sin importar lo que pasaba a mi alrededor. Eran algo como las 7 pm, empecé a guardar las cosas del trabajo. Me mandaste un mensaje en el cual me decías que ya estabas en Santiago. Mi cuerpo se iba llenando de ansiedad.
Cerca de las 7:30 pm llegaste al metro Santa Lucía y caminé por la calle Miraflores en esa dirección. Estaba en la vereda oriente de Miraflores con Moneda y ahí estabas, sentado en el pasto en la Plaza Vicuña Mackenna. Te miré y no pude evitar sonreír estúpidamente (no quería que vieras esa sonrisa, me daba mucha vergüenza), pero para mi sorpresa, mi sonrisa fue respondida con una tuya, igual de amorosa que la mía. Crucé la calle, nos vimos y nos dimos ese abrazo... ESE abrazo que me dejó claro que eras algo más que un simple conocido.
Los planes eran ir a comer sushi, yo conocía un lugar en Pedro de Valdivia pero era algo caro, por lo que te ofrecí que nos fuéramos hasta Baquedano mientras yo pensaba donde ir a comer (además, admito que quería mucho que camináramos juntos). En el camino no dejábamos de hablar, cuando yo cuento esta historia suelo decir que hablábamos hasta por los codos. Sí, tal vez los nervios influían en que te hablara mucho, pero no podemos negar que había tema y para rato.
Llegamos a Baquedano, nos miramos y me dijiste: "¿Sabes donde ir?" y yo: "mm... conozco un lugar en Pedro de Valdivia, pero por otro lado Bellavista está acá al lado", me miraste con cara de complicidad y de repente estábamos comiendo sushi en un local pequeño del barrio. Recuerdo que me invitaste a comer y yo no sabía como aceptar tu invitación, no estaba acostumbrada a eso ni sabía como reaccionar, sólo agradecí. Comimos el sushi y seguimos nuestro camino.
Pio Nono no es una calle muy larga, pero tiene muchos bares para elegir, llegamos a uno en el que sonaba Heroes de David Bowie, nos miramos, y las caras de complicidad otra vez. Ese era el lugar.
Hablamos mucho rato, mucho! No teníamos silencios incómodos ni respiros, contigo siempre sentí que tenía mucho que hablar (y aún lo siento).
Yo tenía frío, tomé tu mano y mientras más pasaba el tiempo más se abrigaba la mía. Luego puse tu mano en mi cara, estabas abrigadito. Me mirabas mucho y yo te preguntaba: ¿Qué? y tú ponías cara de ternura (esa que me encanta), seguías mirándome y me decías: "Nada", con una sonrisa nerviosa. Yo no podía evitar sentir esos mismos nervios y sonreír.
Estábamos hablando, tu mano seguía en mi cara y de un momento a otro tus labios estaban junto a los míos. Uno de los momentos más hermosos de mi vida.
24 de diciembre del 2012, eres mi pololo, mi vida, mi amor. Sí, ha pasado sólo un mes y medio, pero nosotros sabemos que nuestra relación no se hace de tiempo, se hace de momentos ¿cierto?
Nadie me llena tanto como tú. Me encanta todo de ti y estoy realmente enamorada. Puedo estar horas mirándote, acariciándote y en mi mente sólo están los sentimientos de que quiero que seas el hombre con el que esté toda mi vida.
Me encanta estar contigo, escuchar música juntos, ver películas (de esas películas bacanes que vemos nosotros), dormir abrazaditos, regalonear, comer cerdamente y hacer todas esas cosas de pololos que tanto nos encantan.
Anoche me gustó mucho hacerte dormir, admito que me encanta hacerlo, te ves tan lindo cuando tienes sueñito, te pones suavecito y me abrazas muy fuerte. Anoche estabas quedándote dormido y me decías: "te amo mucho mi amor", además de lo que nos decimos siempre antes de dormir, esa frase que nació desde aquellos remotos días en los que sólo éramos conocidos, pero que se ha hecho tan importante para nosotros.
Te amo mucho mi Pablo, demasiado. Eres lo mejor que me ha pasado y de verdad mi ser se llena de buenos sentimientos y hermosas sensaciones cuando pienso en ti, cuando te miro, cuando te tengo, cuando te beso, en realidad en cualquier momento que implique a tu persona (o sea, casi siempre).

